viernes, 18 de julio de 2008

Crónica de la jornada por Miguel Ángel Pérez y Martín Ramos

Es una crónica de nuestros amigos Miguel Ángel Pérez y Martín Ramos que son los primeros en conquistar la cima del Broad y han tenido la gentileza de hacernos esta crónica para que todos los que siguen nuestra pagina web puedan disfrutar.

CRÓNICA 4 TRAS ALCANZAR LA CUMBRE DEL BROAD PEAK.

De todos los ochomiles que he escalado, éste es que me parece que tiene más mérito. Hemos apostado a un solo día de buen tiempo, escalando a toda velocidad y siendo únicamente cinco personas para abrir huella por encima de siete mil metros, casi siempre por encima de la rodilla. Hemos alcanzado la cumbre a la hora más hermosa, la del atardecer, aunque asumiendo un gran riesgo al descender de noche.

Lo que hemos logrado era extremadamente improbable. Había muy pocas posibilidades de éxito. Decenas de personas en el Campo Base nos miraban como si estuviéramos un poco locos. Pero hemos hecho todo bien, arriesgando un poco, y hemos logrado algo más que alcanzar la cumbre de un ochomil: hemos logrado una gran gesta alpinística.

El Everest es el monte más alto que he escalado, el Nanga Parbat el más mítico, el Gasherbrum II y el Cho Oyu tuvieron el encanto de abrir a ratos vía en solitario. Pero la del Broad Peak ha sido en conjunto la escalada de la que me siento más orgulloso.

Cuando fuimos concientes de que el 17 iba a ser un día perfecto, con sol y sin viento, ya no había tiempo para escalar de Campo en Campo. Así que decidimos subir directamente del Base (4.900) al C3 (7.100), descansar allí unas horas y atacar la cumbre.

Martín y yo hemos contado con tres socios de talla mundial: el portugués Joao García (once ochomiles) y los rusos Valery Babanov y Víctor. Me alegra poder decir que Martín y yo estuvimos a la altura de esos alpinistas tan renombrados.

Salimos del Campo 3 a las tres de la madrugada. El problema era sobre todo la nieve profunda, muchas veces por encima de la pantorrilla y en ocasiones hasta la cintura. Íbamos relevándonos en la dura tarea de abrir huella, sobre todo Joao y yo. El collado que separa las dos cumbres principales del Broad está a 7.800, pero las condiciones de la nieve sólo nos permitieron alcanzarlo a las 14.15, una hora en la que lo adecuado es estar de regreso en la tienda.

Pero la tarde era espléndida y estábamos decididos. Escalamos con precaución una estrecha arista por cuya vertiente china caían continuas avalanchas de nieve, motivo por el cual procurábamos escalar por la vertiente de roca pakistaní (ver a Joao en la foto). Más arriba la escalada era de nieve y hielo, y sobre las siete de la tarde estábamos alcanzando la cima rocosa del Broad (podéis ver una foto inolvidable con el K2 y la otra cumbre del Broad tras de mí). Estábamos muy contentos, la mayoría se conforma con la cima rocosa, pero en realidad la cima principal mide 17 metros más (hasta 8.047 metros) y se sitúa más de 500 metros más allá, después de superar una peligrosa travesía (podéis ver la cima verdadera del Broad en la tercera foto, ya a la luz de la luna).

Como yo le dije a Martín para convencerle, total ya era seguro que íbamos a bajar de noche y la luna llena nos alumbraba espléndidamente. Seguimos adelante Martín, Joao y yo encordados, mientras que los rusos al principio reacios a seguirnos, al final se decidieron.

Y a las ocho de la tarde alcanzamos la cumbre más alta del Broad, uno de los momentos mágicos de nuestra existencia. Con palabras no puedo describir la alegría, la emoción, la preocupación y la concentración en bajar con seguridad, que uno siente en esos momentos. Os envío algunas fotos que pueden reflejarlo.

Bajamos con precauciones, usando cuerda allí donde era necesario, pero sin incidentes. A las once estábamos en el collado y a las dos y media de la madrugada en el Campo 3. Casi veinticuatro horas de esfuerzo ininterrumpido. Varias expediciones salían a esa hora con destino o a cumbre, dispuestos a utilizar nuestra huella, pero justo al llegar al C3 se desató una tormenta de viento y nieve que ha hecho inviable cualquier nueva ascensión.

Tras dormir dos o tres horas hemos salido hacia el Campo Base. Ahora que ya estamos aquí os puedo decir que el Broad Peak es una montaña peligrosa. Las caídas de piedras son frecuentes y a mí me ha tocado hoy en la pierna, aunque por suerte el mono de pluma ha atenuado el impacto.

Hemos sido recibidos en el Campo Base con felicitaciones y admiración. Martín y yo estamos muy contentos de estar sanos y salvos tras la gesta. Sólo deseamos regresar y abrazar a nuestros seres queridos.

Un abrazo a todos.

Miguel

1 comentario:

Rafael dijo...

Hola, soy Rafa Merchán, acabo de leer la crónica y sigo sin salir de mi asombro, cualquiera que entienda un poquito de esto, sabe lo que habeis hecho. ¡Enhorabuena!, y cuando esteis a una altura normal, esa en la que se puede pensar, recapacitad y meted en la bios del cerebro, que lo que habeis hecho no se puede hacer. ¡Felicidades, chapeau, olé... y todo lo que se pueda decir seguirá siendo poco!